lunes, 31 de octubre de 2011

Retomando viejas costumbres...

Estaba metida tanto en el mundo de fuera que me salí del mio, de mi pequeña reflexion y mis tonterias injustas. Ya estoy otra vez metida, aun no de pleno, pero estaré. Asi que nos damos mutuamente la bienvenida otra vez a las historias de pepa.


Estos días  atrás he estado escuchando a alguien hablar de su chico especial. No me han resultado pastelosas ni cansadas las historias que me contaba, sino lo contrario. Ser testigo del proceso de enamoramiento, de como una persona esta ilusionada con otra y de como se disgusta si no le llama, eso no tiene precio. 


Erase una vez, una cuidad llamada Granada. Granada cuidad de la moreria, y es que hace muchísimos años empezó el mito de que era la cuidad del amor. En ella moros y cristianos se perdían por los jardines de la Alhambra y se perdían en su pasión. 


Granada ha enamorado a tantas personas.... pero aunque tiene esta magia, los habitantes de esta ciudad saben cómo se puede sentir de desgraciado una persona si vive en Granada y no está enamorada. Es como tener un libro entre las manos y no poder leerlo. Es como si te pusieran el escenario de la mejor película de amor de la historia y no hubiera príncipe. 




Esto le pasaba a una princesa, hace unos años ella sintió ese amor en Granada, era la más dichosa, la que más se dejaba mostrar por plaza nueva, por el Albahicin y por la fuente de las batallas. 




Todos la envidiaban. Pero un día, las cosas salieron mal y ese amor se volvió rencor y frialdad. La princesa se encerró en el jardín de su madre, donde no quería ver a nada ni a nadie.


 Le habían robado el corazón y así no se podía vivir en Granada. Un día entró en el jardín de la reina un muchacho. 


El muchacho le canta a ella canciones de amor por la calle , dice que le da igual que le oigan, no tiene que ocultar nada. Ella se aprieta el corazón mientras escucha esas letras que las tiene en su cabeza desde hace muchos años y con las que había imaginado que si dios quería algún día alguien se las cantaría. Pero el corazón esta tapado por la mano, para que no escuche ninguna letra de amor, ya que ella lo conoce, y sabe que esta muy herido y tiene unas ganas locas de vivir y ser feliz. Pero, cautela, le dice ella a su corazón. Mientras el muchacho le canta.... él le canta con el corazón en la mano, dándoselo diciéndole que en Granada hay que ser feliz si o si, ya que esta esta cuidad tan bonita aquí para nosotros, hay que volver a soñar, a dejarse llevar a ir dando envidia por el amor que se siente, hay que dar alegría a los demás.
y que él le da su corazón para que lo compartan.




Aprovecha el momento, y si las cosas salen mal yo te hago otro cuento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario